La estructura del partido de rugby femenino está meticulosamente diseñada para promover el juego limpio y el equilibrio competitivo, abarcando reglas sobre las posiciones de los jugadores, la duración del partido, la puntuación y las sanciones. Se juega principalmente en dos formatos: 15s y 7s, cada uno con reglas y tamaños de equipo únicos que se adaptan a varios estilos de juego. Además, los niveles de competencia impactan significativamente la estructura del partido, resultando en variaciones a través de ligas locales, nacionales e internacionales.